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¿Realmente queremos eliminar la corrupción?

by CapitalEZ   ·  19 septiembre, 2016   ·  

Todos estamos hartos de la corrupción. Nos molesta el cinismo que existe, vemos en la televisión políticos y privados robando o recibiendo dinero por contratos y nos quejamos en las redes sociales indignados, nuestras charlas de café no dejan fuera esta indignación y hartazgo, pero al final no pasa nada. ¿Realmente estamos tan indignados con la corrupción? ¿Realmente es algo que nos molesta?

Tal vez a los mexicanos nos gusta la corrupción. Cuando hablamos de ella decimos: “políticos cochinos, rateros, nada más se enriquecen”, por lo que muchos aprovechan el pretexto de la corrupción política para autoconvencerse: “¿para qué pago impuestos? ¿para que se los robe el que compra casas blancas o el que se hace fajos de billetes?, mejor hago una estrategia fiscal o simplemente no pago impuestos”. Nos encanta justificarnos y culpar al político como corrupto.

No digo que los políticos no sean corruptos, pero ellos son personas común y corrientes a quienes la vida los llevó a ocupar esos puestos, se contagian entre ellos, entran a un sistema, que atrapa a la mayoría en un modus operandi corrupto. Pero la corrupción no está solamente en la política. La corrupción parece que es algo totalmente aceptable en el país en varios niveles: políticos, empresarios, empleados, personas físicas, estudiantes y hasta amas de casa. Ejemplos sobran:

Un empresario puede ser corrupto desde el que compra a un burócrata para ganarse un jugoso contrato como el que da una dádiva a una empresa o a empleados de alguna otra empresa, porque se mocha con el comprador o con el tomador de decisión. ¿Por qué muchas empresas acostumbran a dar regalos a sus clientes en diciembre? Muchos dirán que es una forma de agradecimiento pero ¿realmente buscan dar un mensaje de gratitud o quieren quedar bien con ellos para que se sientan comprometidos? Que la toma de decisión esté influenciada por el regalo es un tipo corrupción, igual muy leve y socialmente aceptable, pero al fin y al cabo es corrupción, en la gran mayoría de las veces.

Un empleado que se hace tonto bajando canciones por Internet, utilizando los recursos de la empresa, que se toma más tiempo para otras actividades en lugar de estar trabajando, esa también es una forma de corrupción, está engañado y usando mal los recursos de los que dispone y está corrompiendo sus obligaciones.

Otro tipo de corrupción disfrazada es el bullying laboral o mobbing; donde el jefe perjudica a aquellos que no están con él y ayuda a sus compadres. Esto afecta la productividad de la empresa, perjudica el ambiente laboral y la estabilidad. Esto también es corrupción.

Un ejemplo más es el estudiante que se enorgullece de haber sacado una buena calificación en un examen donde hizo trampa.

Hay personas que afirman que nunca han dado mordida a los policías; sin embargo, les aseguro que esas mismas personas sí han visto a alguien dar un soborno a un oficial. Pero la corrupción no sólo se genera por quien la comete, también por quien observa y se queda callado y no hace nada. Inclusive una persona de bajos recursos que pone un puesto en un mercado para sobrevivir y soborna al líder para rentar el espacio cae en un acto de corrupción.

Cuando viajamos a Estados Unidos, encontramos una sociedad que generalmente sigue las reglas, y la corrupción aunque existe, no está presente en la vida cotidiana, entonces ¿es un problema educativo de los mexicanos? Si fuera así, los mexicanos no seguiríamos las reglas cuando cruzáramos la frontera, nuestro comportamiento sería el mismo, pero no sucede así, nos comportamos de otra manera, seguimos las reglas, somos respetuosos, hacemos filas e inclusive pagamos impuestos, no importando nuestro nivel educativo o socio económico, simplemente nos comportamos diferente.

La diferencia entre México y Estados Unidos es que allá sí hay consecuencias. En nuestro país existen leyes y sanciones para los que actúan de forma corrupta, pero nadie las aplica -olvídense del tema político- pero en Estados Unidos, a nivel empresarial, a nivel vecinos, en general hay cero tolerancia, la gente es muy estricta en seguir las reglas y aunque no estén de acuerdo, siguen las reglas por temor a una sanción, y cuando alguien ve que alguien no la está cumpliendo, se indignan pero actúan, presionan, se quejan con sus autoridades, levantan denuncias, usan las redes sociales, hacen algo más que una simple charla en la que manifiestan su indignación.

Ejemplo, en algunas ciudades de Estados Unidos, las casas tienen un día en específico en el que pasa el camión de la basura, los habitantes tienen que sacar la basura ese día y a cierta hora deben meter sus basureros vacíos a sus hogares, ya que, de lo contrario, recibirían una multa de 1,000 dólares, lo cual todo mundo hace y cuando se te olvida hacerlo te lo cobran no importando quién seas o si tienes la mejor explicación de porqué no pudiste hacerlo– y claro que el camión no va a cobrando una cuota o pidiendo propina como sucede en varias partes de México.

Si queremos eliminar la corrupción, cada uno de nosotros debe contribuir con ello. Aunque es muy difícil cuando estamos inmersos en un ambiente corrupto. Una forma concreta de terminar con la corrupción es empezar con cero tolerancia hacia nosotros mismos y hacia los que nos rodean con relación a seguir las reglas. Por ejemplo en tu empresa puedes empezar por no tolerar el salirse de las reglas aunque te perciban como la persona más estricta del mundo y aunque la infracción sea leve. Desde pagar tus impuestos y no dar mordidas hasta impedir regalos de los proveedores o despedir con denuncia al que se roba el papel del baño en la oficina. Cuando observes un acto de corrupción tolerado, no te quedes callado, actúa, puedes presentar denuncias, formales o anónimas. Hoy todos o casi todos los políticos, empresas, empresarios y muchas personas tienen una cuenta en la redes sociales, escríbeles, ya sea para reclamarles o para que actúen de una u otra forma. Mucha gente me dice, que eso no sirve de mucho porque sólo es uno, porque te bloquean y ya, pero ¿qué pasaría si hubiéramos 100 millones de personas escribiéndole a un político diario exigiéndole algo?, pueden ignorarnos al principio, pero la presión social hace actuar, inclusive hasta al más corrupto. El corrupto es corrupto porque pocos o nadie le dice nada, o porque aunque no lo aceptemos, es aceptable enriquecerte, aprovecharte o salir de un problema por el lado fácil, no te quedes callado, sé intenso y no lo toleres a tu alrededor.

No va a ser fácil, pero la única forma de enderezar al país donde vivimos y en donde nos quejamos es cambiando nosotros, no puedes esperar que cambien los demás para cambiar tú, los políticos serán así, no importa su ideología política, mientras los mexicanos sigamos igual de pasivos. Cada quien en su esquina, cada quien con lo que le toca, pero si todos nos sumamos, eventualmente seremos mayoría.

Fernando Padilla

Director de Pretmex Presidente de ASOFOM Consejero en Lendera

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